Antes de las primeras palabras » Fichas Precursores https://antesprimeraspalabras.upf.edu Web de divulgación científica sobre la comunicación infantil durante el primer año de vida. Fri, 02 Dec 2016 11:44:56 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.1.26 Ritmo del lenguaje https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/ritmo-del-lenguaje/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/ritmo-del-lenguaje/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:41 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/precursors-of-language/ritme-de-la-llengua-2/

“Los bebés están increíblemente preparados para aprender acerca del mundo que les rodea y están especialmente preparados para aprender acerca del lenguaje”.

Gervain & Werker, 2013

Percepción del ritmo del lenguaje

Desde los primeros días de vida, los bebés recién nacidos muestran preferencia por el habla de sus cuidadores en comparación con los sonidos o ruidos del entorno. También sabemos que los bebés reconocen la voz específica de la madre desde los primeros días de vida, es decir, les resulta familiar y la saben distinguir de otras voces similares del entorno.

El habla, ya sea de la madre o de otra persona, tiene una función muy importante para ellos y les tranquiliza cuando se encuentran nerviosos o alterados. El habla de los cuidadores transmite una información básica sobre las propiedades rítmicas y melódicas de la lengua materna, es decir, las propiedades relacionadas con cómo suena su lengua.

El reconocimiento de la lengua materna es uno de los puntos de partida principales del largo proceso de adquisición del lenguaje. Por tanto, los bebés necesitan tener la oportunidad de oír de forma regular el habla de sus cuidadores, especialmente cuando se dirigen hacia ellos.

Los bebés aprenden a identificar y distinguir la lengua materna desde los primeros meses de vida

En cuestión de pocas semanas, hacia los dos meses de vida, se considera que los bebés ya disponen de un conocimiento básico de cómo suena su lengua materna (es decir, de su ritmo, entonación, sonidos característicos, etc.). Este primer nivel de representación les permite percibir la diferencia sonora entre lenguas muy alejadas entre sí. Por ejemplo, sabemos que mientras todavía no pueden diferenciar lenguas como el catalán y el castellano, sí pueden distinguir estas dos lenguas del inglés o del japonés, que son lenguas muy distintas en cuanto a características de ritmo y entonación.

Para diferenciar lenguas más próximas entre sí, como por ejemplo el catalán y el castellano, necesitarán un poco más de tiempo que les permita acumular mayor información sobre las características sonoras de su lengua materna. Entre el cuarto y quinto mes de vida ya podrán mostrar esta capacidad de diferenciación, basada esta vez en propiedades más sutiles de la lengua también relacionadas con el ritmo, la entonación o incluso con la frecuencia y la distribución de los sonidos específicos que caracterizan la lengua materna.

Los bebés también utilizan la información de la cara del hablante para reconocer la lengua materna

Además de la información auditiva, los bebés utilizan información visual para el aprendizaje del lenguaje. A partir de los cuatro meses, sabemos que usan la información visual para diferenciar lenguas entre sí, fijándose principalmente en el movimiento de los labios, los cambios y el grado de apertura de la boca, la posición y el movimiento de la lengua del hablante.

De esta manera, antes de los seis meses de vida, los bebés muestran sorpresa, ya sea riéndose o mirando extrañados al adulto, si éstos utilizan una lengua con un ritmo y una entonación muy distinta a la de su lengua habitual. Esto nos indica que ya han aprendido a identificar la lengua habitual del cuidador y se extrañan cuando éste usa otra lengua, no nativa, con un ritmo y una entonación muy distintos.

El conocimiento sobre el patrón sonoro de la lengua materna es un primer paso que facilitará al bebé, más adelante, la adquisición de sonidos y sus combinaciones en sílabas y palabras. Este proceso tendrá lugar durante el segundo semestre de vida.

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Sonidos del lenguaje https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/sonidos-del-lenguaje/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/sonidos-del-lenguaje/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:39 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=334

“El recién nacido prefiere la voz de la madre a otras voces y capta el contenido emocional de los mensajes que se transmite a través del contorno melódico del habla materna”.

Mampe, Friederici, Christophe & Wermke, 2009

Percepción de los sonidos del lenguaje

Desde el nacimiento, los bebés, a medida que oyen hablar a su alrededor, irán adquiriendo gradualmente un conocimiento más preciso sobre cómo “suena” la lengua de su entorno, su lengua materna.

A medida que van acumulando experiencia, a partir del sexto mes se producen cambios en la manera de percibir los sonidos del lenguaje.

El bebé cada vez percibe mejor las diferencias entre los sonidos del habla y descubre qué combinaciones o secuencias de sonidos son las más frecuentes.

Dado su grado de sutileza, estos cambios perceptivos son difíciles de comprobar en casa, pero se han podido estudiar muy bien en condiciones controladas en los laboratorios de investigación.

A partir de los seis meses los bebés empiezan a “especializarse” o a “sintonizar” de mejor manera con los sonidos de su lengua materna

Al nacer, los bebés perciben y se fijan fundamentalmente en el ritmo y la melodía de la lengua. También pueden percibir muchas diferencias entre sonidos, bien sean vocálicos o consonánticos, incluso aunque no se trate de sonidos frecuentes en la lengua que escuchan a su alrededor. Gradualmente, irán aprendiendo cuáles son los sonidos y las secuencias de sonidos más frecuentes y característicos de su lengua.

Este conocimiento se denomina reorganización o sintonización perceptiva. Así, el bebé irá diferenciando cada vez mejor los sonidos de su lengua, pero al mismo tiempo perderá la capacidad para diferenciar aquellos sonidos que no pertenecen a su lengua.

El contraste /r/-/l/ es un buen ejemplo. Inicialmente, todos los bebés pueden detectar este contraste sonoro. Sin embargo, al acabar el primer año de vida solo mantendrán esta capacidad aquellos bebés que fueron expuestos a lenguas en las que este contraste existe y se usa para diferenciar palabras, como por ejemplo catalán y en castellano. Los bebés expuestos a lenguas como, por ejemplo, el japonés, donde el contraste /r/-/l/ no existe, perderán poco a poco esta capacidad.

La reorganización perceptiva es un fenómeno gradual que permite descubrir y aprender las primeras palabras

Estos cambios en la percepción de sonidos se producen de manera gradual. Parece ser que primero tienen lugar los cambios que afectan a los sonidos vocálicos (a partir de los 6 meses), y un poco más adelante los que afectan a los sonidos consonánticos (a partir de los 10-12 meses). Es fácil entender por qué los cambios perceptivos afectan primero a las vocales que a las consonantes: en el habla fluida, las vocales duran más y son más audibles y estables que las consonantes, las cuales son de una naturaleza más breve y cambiante.

Pero los bebés no solo descubren los sonidos de su lengua, sino que también aprenden qué secuencias de sonidos son posibles y frecuentes en el habla de los adultos. Hay estudios que demuestran que hacia los 9 meses el bebé muestra una preferencia por palabras formadas por combinaciones de sonidos posibles en su lengua, como, por ejemplo, “finta” en castellano y catalán, frente a combinaciones muy poco frecuentes o imposibles de pronunciar como “fniat”.

Este hecho muestra que la exposición regular y continuada al habla del entorno permite extraer un conocimiento cada vez más rico sobre las propiedades sonoras de la lengua. Este conocimiento será básico para el aprendizaje del lenguaje, ya que ayudará a los bebés a descubrir y a producir las primeras palabras.

La capacidad de diferenciar los sonidos contrastivos de la lengua materna es un buen inicio para el aprendizaje de la lengua

Los cambios perceptivos, que transcurren durante la segunda mitad del primer año de vida, son un buen indicador del progreso que los bebés realizan en el aprendizaje del lenguaje. Son fruto de haber estado expuestos a la lengua materna y están muy ligados al descubrimiento y a la adquisición de las primeras palabras. Podemos decir que los bebés se vuelven “expertos” en su lengua materna.

Sin embargo, esta “reorganización perceptiva” (absolutamente necesaria para el aprendizaje de una lengua) también tiene sus contrapartidas. Cuando, ya en la edad adulta, estudiamos una segunda lengua, la especialización perceptiva que hemos desarrollado de pequeños se traduce en una dificultad para percibir diferencias entre los sonidos contrastivos de la nueva lengua que queremos aprender. Los adultos japoneses, por ejemplo, tienen dificultades para diferenciar y producir acuradamente el contraste /r/-/l/, ya que el sistema de sonidos del japonés no presenta ese contraste. Es ese el motivo por el que notamos que a los adultos que aprenden una segunda lengua les cuesta desprenderse del “acento” de su lengua nativa, y difícilmente adquieren los niveles de habla de un nativo.

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Primeras interacciones https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/primeras-interacciones/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/primeras-interacciones/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:35 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=335

“Las primeras habilidades lingüísticas en el niño se construyen sobre la base que proporciona la  comunicación prelingüística”.

Tomasello, Carpenter & Liszkowski, 2007

Primeras interacciones comunicativas

Llamamos primeras interacciones a las primeras formas de comunicación que se establecen entre adultos y bebés. El adulto, desde el inicio, se relaciona con el bebé estableciendo un especie de “diálogo” en el que aspectos como la mirada, el gesto, la sonrisa o las vocalizaciones son utilizadas como señales comunicativas, y que de forma inmediata son respondidas con otra señal comunicativa apropiada a la situación.

Estas respuestas contingentes de los adultos respecto a las señales comunicativas de los bebés favorecen el aumento de las sonrisas, las vocalizaciones y las miradas de estos.

Alrededor de los dos meses aparecen las primeras sonrisas

Los seres humanos venimos al mundo con una serie de habilidades perceptivas, motoras, cognitivas y sociales que nos predisponen a la comunicación. Así, cuando somos bebés preferimos la voz humana frente a otros sonidos del ambiente, así como también mostramos preferencia por los rostros humanos y tenemos una capacidad innata para la imitación social.

Asimismo, durante los dos primeros meses de vida, los bebés se muestran poco activos delante de las interacciones sociales. Sus formas de comunicación hasta el momento son muy rudimentarias, y se expresan mediante lloros, gemidos, sonidos vegetativos y algunos gestos faciales, bien sea motivados por la búsqueda de confort o por la disminución de la sensación de hambre. A pesar de que muestran cierto interés por los estímulos sociales, necesitan tiempo para desarrollar sus habilidades comunicativas. Alrededor de la sexta y la octava semana de vida, aparecen las primeras sonrisas y, con ellas, la capacidad de intercambiar emociones y interactuar durante más tiempo cara a cara con los adultos.

Las interacciones con los adultos sirven para aprender a compartir emociones y estructurar el comportamiento comunicativo

Los primeros intercambios afectivos entre adultos y bebés suelen darse cara a cara y sirven para organizar el comportamiento comunicativo del bebé en forma de diálogo. Entre el tercer y el sexto mes de vida, de manera gradual, los bebés van aumentando su expresividad y estructurando su comportamiento, respetando “los turnos de palabra” propuestos por los adultos. La consolidación de esta práctica propiciará que la participación de los bebés en los intercambios comunicativos resulte (ser) cada vez más activa: ampliando los movimientos que hacen con las manos (por ejemplo, como cuando quieren tocar y coger al adulto que interactúa con ellos), mejorando la coordinación de su mirada con la del adulto, realizando más vocalizaciones y gesticulaciones, y mostrando una sonrisa claramente indicativa de placer y bienestar.

En resumen, estas primeras interacciones sirven para aprender a compartir afecto y emociones con los demás. De esta manera, empiezan a construir relaciones comunicativas complejas con su entorno y a desarrollar una habilidad necesaria y esencial para el desarrollo del lenguaje, conocida como “atención conjunta”.

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Atención conjunta https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/atencion-conjunta/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/atencion-conjunta/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:32 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=336

“La atención conjunta no es simplemente que dos personas estén mirando el mismo objeto a la vez. Tampoco es que una persona esté observando a otra mientras ésta explora un objeto, ni tampoco es cuando el niño alterna su atención entre dos fenómenos (una persona y un objeto) con igual interés”.

Tomasello, 1995

Primeras interacciones comunicativas

Entre el sexto mes y el año de vida, los bebés desarrollan la habilidad de coordinar su atención con la de un interlocutor en relación a un objeto o un evento de su entorno. A este fenómeno, central en el desarrollo de los bebés, se le denomina “atención conjunta”, y suele ocurrir sobre todo en situaciones lúdicas con los cuidadores como, por ejemplo, mirando un cuento, construyendo una torre, jugando a encontrar un objeto escondido o haciendo ver que comemos o bebemos.

Para que los bebés sean capaces de mostrar patrones de atención conjunta, los investigadores han señalado que deben producirse una serie de requisitos. Por un lado, los bebés deben ser capaces de seguir la mirada de los adultos hacia el objeto al que se están refiriendo, y a la vez saber indicar ellos mismos la orientación hacia los objetos; es decir, deben saber modificar el foco de la atención de los adultos hacia otro objeto o evento interesante para ellos.

Por otro lado, los bebés deben saber respetar los turnos de palabra a la hora de comunicarse con los adultos. Y, además, tienen que empezar a entender que las acciones de los otros llevan asociadas unas intenciones que ellos pueden interpretar, e incluso predecir, si la situación en la que se encuentran es conocida.

Por tanto, podemos afirmar que la atención conjunta se inicia cuando los bebés son capaces de integrar dos maneras de actuar que antes existían por separado: por un lado, la interacción social con los demás; y por otro, la acción que dirigían hacia objetos o eventos.

El descubrimiento de objetos del entorno constituye el primer paso para el desarrollo de la atención conjunta

Durante los primeros meses de vida, las interacciones comunicativas entre bebés y adultos se establecen típicamente cara a cara y sin la participación de los objetos del entorno. Llega un momento, sin embargo, en que los objetos comienzan a ocupar un lugar dentro de estos intercambios comunicativos. Las interacciones pasan a ser “triádicas” o “a tres bandas”, es decir, teniendo en cuenta al bebé, al adulto y al objeto.

Para que se puedan producir estas situaciones de atención conjunta, es necesario que el bebé haya adquirido antes un interés por los objetos del entorno. Esto se suele dar alrededor del sexto o séptimo mes de vida, periodo en el que los bebés abandonan el hábito/comportamiento de fijarse sólo en su cuerpo para descubrir que el entorno tiene otros elementos importantes para ellos.

A nivel motriz, durante el sexto y séptimo mes de vida, los bebés empiezan también a sostenerse solos mientras están sentados, lo que les facilita manipular objetos y también el intercambio de miradas entre estos nuevos elementos y los adultos. Además, un poco más tarde, hacia los ocho meses, ya son capaces de gatear y, por tanto, de interaccionar con su entorno desde diferentes puntos de vista.

Mientras se producen estos cambios, el papel de los adultos también es muy importante. Los cuidadores pueden hacer comentarios del tipo: “¿qué es eso que tienes en las manos?” O “¿hace ruido?” Así, hablando con los bebés y dirigiendo su atención hacia los objetos y hacia el entorno, facilitan la atención conjunta.

La atención conjunta es básica para el aprendizaje del lenguaje

Varios investigadores han demostrado que la atención conjunta tiene un efecto facilitador en el aprendizaje del lenguaje. Por ejemplo, sabemos que la capacidad de atención conjunta a los doce meses predice el vocabulario que adquirirá el niño. Se considera, por tanto, que esta habilidad constituye la base del desarrollo social, cognitivo y del lenguaje, a la vez que es una condición necesaria para establecer relaciones comunicativas.

Para que haya atención conjunta, los dos interlocutores deben estar pendientes del centro de atención y participar activamente en la interacción. Por otro lado, los bebés deben darse cuenta de que los adultos quieren compartir un centro de interés con ellos, es decir, comprender que los adultos tienen la intención de transmitir información sobre un objeto o evento externo. Por lo tanto, podemos decir que, a partir de esta atención, los bebés descubren que los demás son agentes intencionales.

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Identificación de palabras https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/identificacion-de-palabras/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/identificacion-de-palabras/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:31 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=337

“El desarrollo de la percepción del habla consiste, básicamente, en aprender a identificar palabras, más que cadenas de fonemas”.

Jusczyk, 2000

Identificación de palabras

Los adultos hablamos de forma fluida, sin marcar claramente dónde empieza y termina cada palabra. Por tanto, una de las tareas perceptivas a las que se enfrentan los niños en los inicios de la adquisición del lenguaje es la de descubrir posibles palabras, es decir, darse cuenta de que determinadas secuencias de sílabas siempre van seguidas y forman unidades. Estas unidades, extraídas del habla que los niños oyen a su alrededor, son las primeras formas de palabra que muy pronto podrán ser asociadas a objetos, personas o situaciones. Este proceso, llamado “segmentación del habla”, se inicia de forma gradual alrededor del sexto o séptimo mes. Poco a poco, en este segundo semestre de vida, el niño irá descubriendo posibles palabras, desde algunas muy habituales, como el propio nombre, hasta otras que pueden no ser tan frecuentes o estar formadas por una secuencia más larga de sílabas. Sabemos que esta capacidad para “segmentar” el habla y extraer posibles palabras es básica para la construcción del primer vocabulario.

Existen diferentes factores que pueden favorecer el descubrimiento y la identificación de posibles palabras por parte de los niños. Uno muy importante es la forma en que los adultos se dirigen a los niños. Por ejemplo, se sabe que, de forma espontánea, los adultos tienden a exagerar la entonación, a hablar más despacio y a realizar más repeticiones de palabras. Estas repeticiones, en las que una misma palabra –o un sinónimo-puede aparecerde manera consecutiva en varias frases breves, favorecen su identificación (por ejemplo: ¡Mira qué balón! ¿Ves la pelota? ¡Ay, que se nos escapa la pelota…!). Las canciones infantiles, con letras sencillas y repetitivas, también ayudan a descubrir esas unidades que son las palabras, especialmente aquellas situadas al final de la frase. De este modo, y de forma natural, los adultos contribuimos a que los niños identifiquen palabras de la lengua y comiencen así a construir su primer vocabulario receptivo y a comprender lo que decimos.

Entender las palabras y ser capaces de asociarlas a sus referentes es un proceso básico para la construcción del vocabulario

Conjuntamente a la segmentación del habla, los niños deben desarrollar una segunda habilidad. Consiste en establecer una conexión entre las palabras identificadas y un referente del entorno, es decir, un objeto, una persona o una situación. La habilidad asociativa que permite vincular una palabra con un referente ya se observa a partir de los seis meses, aunque inicialmente de forma rudimentaria y restringida a un número reducido de elementos. Estudios recientes han mostrado, por ejemplo, que los bebés de 6-9 meses ya comprenden algunos nombres concretos de alimentos o partes del cuerpo, así como los términos “papá” o “mamá”, pero no existe evidencia de que comprendan palabras que designan cualidades de objetos o acciones, como los adjetivos o los verbos.. Habrá que esperar todavía unos meses para poder observar una comprensión más extensa de diferentes tipos de palabras.

Con todo, poco a poco los niños van aprendiendo y conformando un primer léxico receptivo, es decir, un conjunto de palabras y conceptos que saben relacionar, aunque aún no sean capaces de producirlos. Tanto la segmentación del habla como el mecanismo básico de asociación palabra-objeto constituyen dos procesos claves para la construcción del vocabulario.

 

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Comprensión de palabras https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/comprension-de-palabras/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/comprension-de-palabras/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:29 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=338

“El aprendizaje de palabras es un hito en el camino hacia el desarrollo de una capacidad exclusivamente humana”.

Werker & Yeung, 2005

Comprensión de palabras

Antes de empezar a hablar, alrededor del duodécimo mes de vida, los niños han alcanzado un nivel de comprensión de un buen número de palabras y expresiones. Este abanico de términos conocidos se denomina “léxico o vocabulario receptivo”.

Es aproximadamente a partir del sexto mes de vida cuando los niños comienzan a desarrollar este léxico receptivo. La comprensión de palabras se inicia lentamente entre los 6 y los 9 meses, centrada en un pequeño número de nombres concretos. Una de las primeras palabras que suelen reconocer primero es su propio nombre. También incorporan la comprensión de palabras muy cercanas y familiares, como “mamá” o “papá”, el nombre de su juguete preferido, objetos propios como el biberón, así como partes del cuerpo y expresiones utilizadas en rutinas sociales o de juego, como el “cu-cú”.

Algunos niños pueden llegar, hacia los 12 meses, a tener hasta 50 palabras diferentes en su léxico receptivo. Comprobar este conocimiento es sencillo, solo hay que ver si el niño reacciona adecuadamente, responde o realiza una determinada acción después de una pregunta o demanda de un adulto, sin más indicación que no sea el lenguaje.

La adquisición de un vocabulario receptivo prepara para la producción de palabras

El vocabulario receptivo temprano se alcanza sobre todo a partir de las situaciones de atención conjunta, donde suele haber seguimiento de mirada y gestos de señalar. Los niños también incrementan el número de palabras que entienden cuando descubren nuevas etiquetas verbales y las asocian a referentes conocidos. Con la comprensión de nuevas palabras, se inicia el desarrollo del léxico y se prepara el momento en que los niños producen sus primeras palabras (es decir, su léxico productivo). También, el hecho de comprender palabras provoca que los adultos se den cuenta y modifiquen su interacción lingüística con los niños, que ahora es más rica desde el punto de vista del lenguaje empleado.

A medida que los niños se van haciendo más grandes, obviamente su vocabulario receptivo se incrementa, pero es a partir de los 13-14 meses cuando se produce una importante aceleración en su crecimiento. Sin embargo, es importante destacar que cada niño sigue su propio patrón temporal de desarrollo y los ritmos de aprendizaje varían mucho de un niño a otro. Generalmente, los niños que muestran una alta comprensión lingüística (es decir, un vocabulario receptivo más alto) también suelen producir antes sus primeras palabras, aunque no siempre es así.

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Primeros sonidos https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/primeros-sonidos/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/primeros-sonidos/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:26 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=339

“La evidencia sugiere que los primeros protosonidos tienen un papel especial en el desarrollo del lenguaje y la evolución, puesto que son los primeros sonidos que no se vinculan de forma fija a determinadas funciones y, por lo tanto, representan un avance hacia la flexibilidad que requiere el lenguaje”.

Oller, Buder, Ramsdell, Warlaumont, Chorna & Bakeman, 2013

Primeros sonidos

Durante las primeras semanas de vida, los bebés expresan su sensación de hambre o de incomodidad mediante gemidos y llantos. Alrededor del segundo mes de vida, comienzan a producir sus primeras risas, ligadas a la expresión de emociones positivas. Los sonidos emitidos hasta aproximadamente los dos meses de vida, en el periodo llamado “de fonación”, tienen muy poca semejanza con el habla de los adultos. Se trata fundamentalmente de sonidos vegetativos que acompañan la respiración o la deglución. Se trata de sonidos involuntarios, como la tos, los estornudos o los eructos, y no están relacionados con el desarrollo del lenguaje.

Entre el segundo y tercer mes comienzan a aparecer de forma gradual un nuevo tipo de sonidos, a menudo llamados proto-sonidos, que serán especialmente relevantes porque ya están más relacionados con la adquisición del habla. Se trata de unas primeras vocalizaciones que los bebés no controlan todavía con precisión. Son sonidos casi vocálicos, muy cercanos a vocales como la [a] o también la [o] o la [u], y que se producen en la zona posterior de la boca mientras la lengua se aproxima el paladar blando, por lo que el resultado son emisiones que suenan como “gggaaaa” o “ggguuuu”. Un poco más adelante, hacia el cuarto o quinto mes, los niños parecen explorar sus posibilidades de fonación y a menudo emiten sonidos vocálicos largos, jugando con cambios de intensidad y entonación. Pueden producir chillidos, gritos agudos o graves y vibraciones con los labios o la lengua. Es el periodo de expansión de las emisiones vocales.

Hacia el final de este primer periodo, entre el quinto y el sexto mes, ya están muy cerca de poder producir lo que los adultos identificamos como una sílaba, pero todavía no controlan bien ni la duración ni la precisión de la articulación y por eso no podemos hablar de balbuceo propiamente dicho. Estas producciones casi silábicas las practican mientras exploran los movimientos de los labios y la lengua, pero también aparecen durante los intercambios cara a cara con los adultos.

Los bebés entrelazan lenguaje y emoción desde el nacimiento.

Los gestos faciales de los bebés nos indican que aprenden con mucha facilidad a imitar las expresiones emocionales de las caras de los adultos. Además, utilizan sonidos tempranos para expresar esas emociones. Las emociones negativas, como el miedo o la incomodidad, se asocian con los llantos. Las positivas, relacionadas con el placer, se asocian con las risas. A esta edad los bebés también son capaces de imitar algunos movimientos faciales, como sacar la lengua o abrir la boca.

Con la aparición de los proto-sonidos, los bebés comienzan el camino que los llevará hasta la producción de las sílabas características del balbuceo canónico, ya en el segundo semestre de vida. Estos sonidos tempranos representan los pilares sobre los que se podrán construir estructuras más complejas que permitirán a los bebés expresar diferentes estados emocionales. Así aparece la intencionalidad temprana, una característica esencial de la comunicación que constituye la base del desarrollo posterior del lenguaje.

Por otra parte, se ha descubierto que las melodías de los primeros llantos de los recién nacidos ya pueden mostrar características de entonación propias de la lengua de su entorno. Por ejemplo, se ha estudiado el llanto de bebés franceses y alemanes y se ha visto que difiere en aspectos prosódicos o de entonación que son propios de cada una de estas dos lenguas.

El paso de los primeros sonidos hacia la producción de sílabas favorece la interacción entre el bebé y el adulto.

Los bebés pueden producir y practicar las vocalizaciones y los proto-sonidos solos, pero los perfeccionan cuando establecen juegos de interacción con los adultos. Usualmente, los niños emiten vocalizaciones y los adultos responden espontáneamente con más frecuencia a los sonidos que son más similares al habla, porque los identifican como signos de interacción social.

De esta manera, comienza un intercambio bidireccional cada vez más complejo entre adultos y bebés que sirve como motivación para que estos refuercen sus habilidades comunicativas. A medida que las vocalizaciones se tornan más variadas y frecuentes, los sonidos tempranos característicos de los primeros meses de vida también van disminuyendo.

Además de la interacción con el adulto, existen otros factores que influyen en el ritmo con el que se produce este proceso de aprendizaje. Algunos de estos factores son el propio crecimiento de los niños, las funciones de deglución y respiración de los órganos articulatorios, el desarrollo de la percepción del habla y las mismas características de los sonidos de la lengua o lenguas que el niño está aprendiendo.

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Inicio del balbuceo https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/inicio-del-balbuceo/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/inicio-del-balbuceo/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:25 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=340

“La forma en que los cuidadores hablan cuando responden al balbuceo del bebé tiene consecuencias inmediatas en el aprendizaje vocal”

Goldstein & Schwade, 2008

El balbuceo

Los bebés comienzan a balbucear a partir de los seis o siete meses, cuando son capaces de producir una vocal y combinarla con una consonante, generando sílabas, como hacemos los adultos. Este es un hito importante en el desarrollo del habla, por el cual se dejan atrás las producciones anteriores donde predominaban las vocales largas de diferentes calidades, así como la imprecisión de las primeras emisiones casi silábicas del quinto o sexto mes de vida. Ahora el bebé ya controla mejor la fonación y la articulación y puede producir sílabas combinando una vocal con una consonante nasal ([m, n]) o oclusiva ([p, t, k, b, d, g]). Puede producir sílabas aisladas, con una duración bien ajustada, pero a menudo las duplican para formar elementos como [mama], [dada] o [baba] e, incluso, cadenas silábicas más largas, del tipo [babababa].

Ese es el motivo por el que solemos identificar esos primeros balbuceos con las palabras “papa” o “mama”, pero no debemos olvidar que en ese momento esas producciones aún no tienen el significado que tendrán unos meses más tarde. Poco a poco, el repertorio de sonidos y las combinaciones ‘consonante + vocal’ se irá ampliando, pero el bebé aún no utiliza todos los sonidos que emplean los adultos, llegando algunos de ellos a aparecer mucho más tarde, como es el caso del sonido [ñ](en palabras tales como “araña”).

Las primeras sílabas son muy similares en todo el mundo

Este tipo de balbuceo silábico inicial que combina una consonante y una vocal se denomina “balbuceo canónico” y es característico del periodo que transcurre entre los 7 y los 10 meses. Durante esta primera etapa, no suele tener ninguna intencionalidad comunicativa ni sirve a los bebés para referirse a hechos u objetos del entorno, ya que todavía están desarrollando su capacidad para expresar intenciones. Al mismo tiempo, y de forma combinada con los movimientos rítmicos del balbuceo, los bebés empiezan a mover los brazos de manera repetitiva. Es decir, podemos afirmar que los bebés empiezan a realizar dos tipos de producción rítmica de manera coordinada y simultánea: con los brazos y los órganos articulatorios. Por lo tanto, ambos fenómenos están conectados.

Se ha descubierto que los primeros balbuceos son similares en muchas lenguas del mundo y que solo después de unos meses de practicar y oír hablar a su alrededor, más o menos cuando los bebés tienen diez meses de edad, se puede observar claramente la influencia de los sonidos de la lengua materna en el habla del bebé.

Percibir el habla de los adultos es fundamental para el desarrollo del balbuceo

Aunque los primeros balbuceos no reflejan las características de la lengua del entorno, los bebés comienzan a balbucear en la etapa en la que comienzan a distinguir los sonidos y las palabras de su lengua materna.

Este hecho nos indica que la aparición del balbuceo está muy relacionada con la percepción. Diversos estudios científicos nos indican que cuando los niños producen una sílaba canónica, por ejemplo [da], también prefieren oír palabras que contienen esta misma sílaba, como [dame].

En todo caso, como requisito previo para empezar a balbucear, los bebés necesitan, desde las primeras semanas de vida, oír cómo los adultos hablan en su entorno y, al mismo tiempo, oír también cómo les hablan directamente. Solo de esta manera pueden aprender a asociar los sonidos que oyen con los movimientos articulatorios del aparato fonador.

Por otro lado, los bebés que empiezan a producir balbuceos silábicos más tarde también empiezan a hablar más tarde. Esto nos indica que una etapa activa de balbuceo es imprescindible como paso previo para aprender a hablar.

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Balbuceo comunicativo https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/balbuceo-comunicativo/ https://antesprimeraspalabras.upf.edu/precursores-del-lenguaje/balbuceo-comunicativo/#comments Sat, 07 Feb 2015 19:56:22 +0000 https://abansprimeresparaules.upf.edu/?post_type=precursors&p=341

“La práctica del balbuceo proporciona al niño los recursos esenciales para la identificación y la formación de las primeras palabras”

Vihman, DePaolis & Keren-Portnoy, 2009

Balbuceo comunicativo

El balbuceo comunicativo se produce cuando los bebés se expresan con intencionalidad, es decir, cuando intentan transmitir información sobre algo o sobre acciones concretas. Su forma sonora es netamente silábica. Puede ser similar a la del balbuceo inicial, en el sentido de combinar una consonante y una vocal ([ba], [ga], o también puede ser más variado y combinar varias consonantes en secuencias como [bagaga ], [cota] o [tapitapi]. En todo caso, los balbuceos más variados conviven con los más simples (aquellos que solo utilizan una única consonante).

Nos podemos preguntar cómo podemos averiguar si un bebé se está comunicando intencionalmente o si simplemente está produciendo vocalizaciones “no comunicativas o exploratorias”. Para esclarecer este punto, el contexto es importante: el balbuceo comunicativo se produce prototípicamente en un contexto en el que hay atención conjunta. En estas situaciones, los niños también dirigen la mirada hacia el adulto y el objeto, y pueden utilizar gestos de señalar.

Por otro lado, los balbuceos comunicativos más variados ya empiezan a reflejar las características fonológicas y prosódicas específicas de la lengua materna que los bebés están adquiriendo.

Los bebés usan gestos y relacionan balbuceos y objetos cuando empiezan a comunicarse con intencionalidad.

Entre los nueve y los diez meses de vida, los bebés ya empiezan a balbucear intencionadamente. Esto se produce cuando aprenden que las acciones que realizan los adultos muestran alguna intencionalidad comunicativa (pedir algo, contar algo). Este balbuceo comunicativo surge de forma natural si en los meses anteriores ha habido balbuceo canónico.

Entre los nueve y los diez meses también aparecen otras capacidades fundamentales para el desarrollo lingüístico y cognitivo. Una de ellas es la comunicación con gestos, que se observa generalmente a partir de los diez u once meses de vida, cuando los bebés empiezan a señalar diferentes referentes (objetos o acontecimientos) de su entorno.

La otra capacidad que surge durante estos meses es la de relacionar las producciones orales (primeras formas de palabra o simples vocalizaciones) con objetos o eventos. Los bebés comienzan a entender que las vocalizaciones o los gestos se refieren a algo que hay en el contexto comunicativo.

El balbuceo comunicativo ya refleja características de la lengua materna

Los balbuceos comunicativos, generalmente secuencias de sílabas no reduplicadas combinando diferentes vocales y consonantes, ya incluyen sílabas acentuadas y patrones de entonación pertenecientes a la lengua materna. Por ejemplo, se ha visto que a los once meses ya se pueden distinguir si las vocalizaciones de los bebés reflejan una petición o bien un comentario sobre algo.

En cuanto a la acentuación, se ha comprobado que los niños de doce meses ya pueden producir de manera diferenciada una sílaba tónica (acentuada) y una sílaba átona (no acentuada). Es decir, que producen unas sílabas con mayor frecuencia fundamental, intensidad y duración (las sílabas tónicas) que contrastan claramente con las demás (las sílabas átonas), que es justamente lo que hacemos los adultos.

A partir del balbuceo comunicativo surgen las primeras palabras

El balbuceo comunicativo, rico en combinaciones de sonidos, es el paso previo a la producción de las primeras palabras. De hecho, si se escuchan detenidamente las cadenas de balbuceo que los bebés producen cuando se acercan a la edad de doce meses, es habitual que empecemos a identificar la forma de alguna palabra.

Estas primeras palabras se diferencian de los balbuceos en que se parecen fonéticamente y prosódicamente a las palabras de la lengua adulta y, por tanto, los adultos del entorno las reconocen como tales. Además, estas palabras se utilizan repetidamente en un mismo contexto. En cambio, durante la etapa del balbuceo comunicativo, los niños no han aprendido que pueden utilizar una misma etiqueta para referirse a una misma acción u objeto, aunque sepan que los sonidos y los gestos les sirven para comunicarse intencionalmente.

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“El conocimiento de la lengua que los bebés adquieren tiene continuidad con el conocimiento que irán construyendo a lo largo de toda su vida mientras vayan utilizando esta lengua”

Swingley, 2009

Primeras palabras

A partir de los 10 meses de vida los niños empiezan a hacer producciones verbales que los adultos pueden reconocer como palabras de la lengua del entorno. Las primeras palabras tienen ciertas características fonéticas de las palabras adultas, lo cual nos permite reconocerlas. Sin embargo, no suelen producirse del todo correctamente. Normalmente faltan sílabas, como cuando un niño pronuncia [táta] cuando quiere decir “zapato”. O también se sustituyen sonidos, como por ejemplo cuando un niño pronuncia [páta] cuando quiere decir “pasta”. Primero, el niño aprende a imitar partes de las palabras que dice el adulto, hasta que poco a poco comienza a hacérselas propias y a utilizarlas de manera espontánea.

Las primeras palabras suelen aparecer combinadas con el balbuceo pero se diferencian de este cuando las combinaciones de sonidos adquieren la forma de las palabras del entorno, que se refiere a objetos o a eventos concretos.

Estas primeras palabras suelen ser palabras cotidianas o familiares, referidas a personas, juguetes o alimentos. Por lo tanto, están vinculadas al entorno más cercano de los niños y tienen una función referencial, es decir, les sirven para informar, expresar o pedir cosas. También pueden tener una función de interacción social, como cuando dicen “hola” o “adiós”.

Antes de la producción del habla, los niños necesitan alcanzar otras habilidades previas

Cada niño tiene su propio patrón de desarrollo a la hora de empezar a decir palabras. Pueden iniciarse desde muy pronto, en el décimo mes, o bien más tarde, de forma que el periodo inicial de producción de estas palabras tempranas oscila entre los 10 y los 18 meses de vida. A partir de este momento inicial, y a lo largo de aproximadamente seis meses, los niños irán ampliando lentamente su vocabulario hasta alcanzar un vocabulario de unos 50 términos. Es importante remarcar que los niños pueden entender, reconocer e identificar muchas más palabras de las que pueden producir. Es decir, su vocabulario receptivo siempre será mayor que su vocabulario productivo.

Antes de la construcción del léxico, los niños han adquirido la siguiente serie de habilidades previas importantes: entienden las intenciones, se expresan mediante el balbuceo, señalan con el dedo, siguen las miradas de los adultos y son capaces de compartir un interés visual con los demás.

Además, la habilidad de producir palabras se desarrolla bastante más tarde que otras habilidades como la segmentación del habla y la asociación entre una forma de palabra y un referente.

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